sábado, 17 de noviembre de 2007

Elogio del outsider


La búsqueda de la verdad... bueno, para no caer en frases gastadas, digamos, el afán de dar cuenta del mundo que nos rodea. La imperiosa necesidad de explicar todo aquello que despierta nuestra curiosidad, todo que aquello que nos aterra porque se nos revela desconocido, oscuro, incomprensible. Y como sabemos, los humanos tenemos baja tolerancia a los agujeros negros.

Es todo eso lo que nos llevó a inventar teorías, desde que fuimos. Teorías para explicar el mundo. Por eso mismo, no se limitaron a buscarle la vuelta a tal o cual cuestión más o menos acotada que nos rompía el marulo, o si lo hicieron se fueron de madre en un santiamén. Porque son Señoras Teorías, que pretenden explicar Todo. O mejor dicho, proporcionan una vara con la cual medir la realidad, o mejor aún, unos lentes a través de los cuales verla.

Sólo en tiempos muy recientes nos hemos cuestionado estas titánicas pretensiones, y todo indica que las hemos desechado, al menos de nuestras conciencias y de nuestros discursos. Y así, donde ayer nomás veíamos un mundo más o menos ordenado, más o menos lógico, y más o menos ajustado a una teoría, hoy asistimos al molesto y atemorizante espectáculo de un mundo definitivamente inasible.

***

Pensemos la realidad como un paisaje infinito. Sobre sus planicies se yerguen fortalezas –porque es un mundo en guerra.

Estas fortalezas tienen unos nombres muy peculiares. Por allá encontramos una que se llama “Islam”. Más acá, una llamada “Psiquiatría”. Por ahí, hay una que tiene grabado en sus pórticos “Liberalismo”. Y así, desperdigadas, vamos descubriendo a vuelo de pájaro otras muchas, muchísimas fortalezas. “Psicoanálisis”. “Idealismo”. “Nacionalismo”. “Ciencia”. “Marxismo”. “Zoroastrianismo”.

Hay demasiadas como para seguir una enumeración innecesaria. Algunas se muestran orgullosas de los buenos tiempos que corren para sus fuerzas; otras resisten. Hay varias en franco repliegue, otras de las que hace rato no se saben noticias. Hay algunas, sin dudas, de las más fascinantes, abandonadas desde tiempos remotos, muchas de ellas en ruinas y sin nombres propios.

Cual paisaje feudal, hay fortalezas vasallas de otras fortalezas. Una tupida red de poder y subordinaciones se ha tejido entre ellas a lo largo de la historia.

Cada fortaleza está (o estuvo) habitada por guerreros. Cada guerrero encuentra tras sus muros, y en sus camaradas, protección y comprensión. A cambio, la fortaleza exige del guerrero que la defienda de los ataques lanzados por los adversarios y que se lance él al ataque de las otras. No es seguro que un guerrero se aventure solo y sin un objetivo claro fuera de los muros de su fortaleza. Los peligros son demasiados.


¿Pero acaso todos los habitantes de este paisaje son soldados incondicionales pertenecientes a una o varias de estas fortalezas?

Por supuesto que no. Encontramos muchas otras personas. Entre ellas, seres errantes que lo recorren con las mismas o quizás más inquietudes que los aquellos guerreros.

¿De dónde vienen estos vagabundos? Muchos pertenecieron a alguna fortaleza; otros las abandonaron antes de comprometerse realmente con ellas.

Naturalmente, se sienten más cómodos en esta que en la otra, consideran a los guerreros de esta sus amigos o aliados, son bienvenidos en aquella y son mirados con recelo en la otra. No están comprometidos con ninguna, y por eso nadie se ensaña con ellos especialmente; pero tampoco nadie los defenderá de forma incondicional si son atacados.

Se mueven con libertad, y por no estar confinados dentro de unos pocos muros, conocen mucho más, y tal vez hasta mejor.


En un mun
do en perpetuo cambio, se las arreglan sin recurrir a nada fijo. Ese es su mayor riesgo: fijarse a algo, en algún lugar. Para eso, sólo hay un antídoto: errar.

10 comentarios:

Gabriel Bornes dijo...

El nuevo sistema es prueba y error.

Yo soy experto en eso ^^

YosoyineS dijo...

Buenísimo lo de las fortalezas, cierto que cada uno se atrinchera en la suya.

Recien me encontré con un par de paladines de la fortaleza "Comunismo" que casi me los como en dos panes (con salsa golf, jeje)

Besotes!

Ama-gi dijo...

Aplausos y solamente aplausos

Levedad dijo...

será tenido en cuenta

Juan Ignacio dijo...

"Prueba y error" no es un sistema, es un método.

Linda metáfora, la linkeé en un comentario que hice en mi blog.

Saludos.

Pez Rabioso dijo...

PUTO

("che fijate si Estin está vivo")
sólo sigo ordenes

Mikamy dijo...

Yo diría que es un poco más díficil ser vagabundo que guerrero. Vagabundo con ideas claras, eso sí. Pero también hay que reconocer que en muchos momentos de nuestra vida nos aferramos a diferentes fortalezas, por miedo o comodidad. Y eso lo hace hasta el vagabundo más valiente :)

Un abrazo.

Diego Estin Geymonat dijo...

Pez,

"Mandame una foto de tu novia en tanga"

Ama-gi dijo...

El método es el sistema de la misma forma que the media is the message.

Ama-gi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.